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Deporte - El deporte actual

 

Un ciclista alcanza su meta y, antes de que periodistas, entrenadores, fanáticos, organizadores o familia tengan tiempo siquiera de felicitarlo, un moderno equipo sanitario lo asalta, secuestra y somete a toda clase de pruebas. Cualquier deportista de élite, no importa cuál sea el deporte que practique, reparte ahora el peso de su éxito entre su entrenador, el equipo que lo mantiene, la marca comercial que lo patrocina y el grupo médico que lo dirige, que puede llegar a tener expertos en fisiología, metabolismo, biomecánica, traumatología, cardiología y psicología. Los deportistas más destacados son tratados como si fuesen máquinas, es que los han transformado en máquinas de competencia y generadoras de grandes sumas de dinero.

A su vez, se ha favorecido de manera pública al crecimiento de masas inmensas de espectadores deportivos que, paradójicamente, están constituidos, en su mayoría, por gentes sedentarias, que habitualmente no practican deporte alguno. Para ellos, el deporte es tan sólo un espectáculo, o acaso una noticia. El comentario, la discusión y aún la disputa, sustituyen a cualquier práctica realmente deportiva. Son enormes masas pasivas de consumidores de espectáculos, círculos y noticias deportivas, que generan, con su aportación económica multitudinaria, unos negocios de colosal envergadura.

Deporte - El fútbol

El caso del fútbol es el más representativo de este fenómeno. La práctica de este deporte es casi exclusivamente profesional, y en ella alcanzan el “estrellato” e incluso el “divismo”, un escaso número de jugadores en cuyos contratos y transacciones se invierten cifras de dinero que contrastan patéticamente con las que se destinan a nuestro desarrollo científico, cultural y educativo.

Una propaganda inmensa invade las ondas de la radio, los canales de televisión, las páginas de periódicos y revistas y desborda en anuncios, signos y emblemas por todos los lugares públicos. Nada tan alejado del espíritu olímpico como esa atmósfera pseudodeportiva; se calienta un sillón, se fuman cigarrillos y se consume alcohol, mientras se contempla un partido televisado, creyéndose deportista por esas actitudes. Se olvidan así las capacidades personales, el derecho a desarrollarlas, a gozar de un estado de bienestar propio, real, y se conforman con observar, desde afuera, el desempeño de su equipo, de su deportista preferido, sintiendo el éxito o la derrota de éstos como si fuesen suyas, mientras que aumentan las frustraciones, la ansiedad, la agresividad y se sumergen aún más en el consumo del deporte.

 
 

intercambio: deportes para discapacitados

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